sábado, 24 de noviembre de 2012

LAS NEGACIONES DE PEDRO Y LAS PATAS DE LA FE



«Estando Pedro abajo en el patio, llega una de las criadas del Sumo Sacerdote y al ver a Pedro calentándose, le mira atentamente y le dice: "También tú estabas con Jesús de Nazaret." Pero él lo negó: "Ni sé ni entiendo qué dices", y salió afuera, al portal, y cantó un gallo. Le vio la criada y otra vez se puso a decir a los que estaban allí: "Éste es uno de ellos." Pero él lo negaba de nuevo. Poco después, los que estaban allí volvieron a decir a Pedro: "Ciertamente eres de ellos; pues además eres galileo." Pero él se puso a echar imprecaciones y a jurar: "¡Yo no conozco a ese hombre de quien habláis!" Inmediatamente cantó un gallo por segunda vez. Y Pedro recordó lo que le había dicho Jesús: "Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres." Y rompió a llorar» (Mc 14,66-72)


Vamos a abordar este fragmento bíblico desde la perspectiva de la fe y el amor.
Pedro, ¿actuó de esa manera por falta de fe o de amor a Jesús?.
¿Acaso no es el mismo Pedro que sacó su espada para defender a Jesús cuando iban a prenderle, en un acto que podría costarle la vida si se hubiera producido un enfrentamiento con los soldados (cf. Jn 18,10)?
Y, ¿ no es Pedro quien dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16,16)?, y entonces Jesús le respondió: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16,18).
Si nos trasladamos a unos momentos antes de las negaciones de Pedro, observamos que él mismo dice: “Aunque tenga que morir contigo yo no te negaré” (Mc 14,31).

Me atrevería a decir que Pedro era un hombre de acelerones y “estampadas”.
Un ejemplo más: Hay un pasaje bíblico en el que los discípulos de Jesús, yendo en barco, ven a un hombre caminando por encima de las aguas. Les cogió miedo porque pensaban que era un fantasma. Entonces el hombre les dijo que era Jesús, pero Pedro desconfió de esas palabras y le dijo que si era quien decía ser que le hiciese ir hacia él caminando sobre las aguas. Así fue. Pedro bajo al agua y se puso a caminar hacia Jesús. Los dos caminaban sobre el agua. Pero parece ser que había tempestad y el viento era fuerte. De repente a Pedro le cogió miedo, dudó, y empezó a hundirse (cf. Mt 14,22-33).


En este momento podríamos volver a preguntarnos: ¿tenía fe Pedro?; ¿amaba Pedro a Jesús?
Si nuestra respuesta es “SI” a estas preguntas, entonces ¿cuál fue la causa de las negaciones de Pedro? (posibles respuestas: su fe no era tan fuerte, le faltaba la fuerza del Espíritu Santo, no supo vencer el miedo...). Creo que Pedro negó a Cristo involuntariamente, ya que fue una fuerza superior a la suya la que le llevó a las negaciones. Esto puede suceder cuando nuestras defensas son defectuosas y nuestras armas están deterioradas.

La fe de Pedro

¿qué pasó con la fe de Pedro? Vamos a analizar algunas de las posibles causas que están en la raíz de la traición de Pedro.
Estas causas tienen dos nombres: espada y barco. Porque la fe de Pedro tenía complementos que la debilitaban en las situaciones difíciles.

Vamos a recapitular volviendo al momento en que Pedro tomó la espada. Con su espada en la mano se sentía fuerte, poderoso. Podía luchar pues tenía una arma en sus manos con la que se sentía seguro. Quería luchar, no tenía miedo, no estaba pensando en las consecuencias. Estaba en su acelerón.

Ahora situémonos en el barco, navegando con sus compañeros. Luchaba contra el viento. Había dificultades pero tenía un barco que lo mantenía a salvo. Cuando apareció aquel hombre sobre el agua, Pedro fue el único que se atrevió a responderle. Y desde ese barco estaba dispuesto a dar un paso en fe, a jugársela bajando al agua en plena tormenta. Y así fue. Bajó al agua, siguiendo el mandato de Jesús, caminó sobre las aguas con fe... fe ¿en qué?. Es evidente, fe en Jesús... y  en el barco!!. Cuando su barquito ya no estaba a su alcance, ya no era su seguridad, y era peligroso estar en el agua a tanta distancia del barco, entonces cogió miedo. ¿No tenía fe en Jesús, que le mandó ir? Si, claro, pero... ¿y si me hundo que voy a hacer? Mi seguridad no está conmigo.

¿Que sucedió en el patio del palacio del Sumo Sacerdote? Estaba allí solo sin espada y sin barco. En aquel momento de la historia, Pedro no tenía una fe pura. Su fe en Jesús tenía dos patas, y sin ellas se desmoronaba. En ese momento, no tenía nada que le diera seguridad, poder, fuerza, por lo que volvió a hundirse, esta vez no en las aguas, pero sí en el miedo. Recordemos una cosa sobre la fe que nos enseña San Pablo que dice: “Tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y después de haber vencido todo, manteneos firmes [...] embrazando siempre el escudo de la fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno” (Ef 6,13.15-16). Por tanto, cuando a Pedro se le cayó la fe, quedó desprotegido de los dardos del Maligno, especialmente del miedo.

Hermano, ¿cuántas patas tiene tu fe?. ¿cuántas espadas y barcos te dan seguridad y sin todo ello te hundirías? ¿qué pasaría si te lo quitaran todo? ¿qué harías si negando a Jesús, explícita o implícitamente (directamente o mediante tolerancias y comportamientos contrarios a la moral, la verdad, la honestidad, y cosas contrarias a la voluntad de Dios), pudieras conservar tu puesto de trabajo u obtener uno muy bueno, ganar mucho dinero, obtener posiciones sociales privilegiadas, etc...?

Si nuestra fe no se fundamenta única y exclusivamente en Jesús, sin complementos materiales de ningún tipo, cuando llegue la prueba, o las dificultades de la vida, caeremos y traicionaremos a Jesús. Con todo lo que esto pueda conllevar de tristeza, enfermedades psíquicas, físicas, llegando incluso al suicidio.

Debemos mejorar nuestra fe, y si tiene que tener complementos, solo admitiremos aquellos que nos ayuden a hacer crecer la fe: Bíblia, oración, ayuda y colaboración entre cristianos, sacramentos, santas y sanas devociones.

Aunque hay un complemento que no puede faltarle nunca a la fe, sino esta puede convertirnos despiadados fundamentalistas. Estoy hablando del amor.
Antes de finalizar el tema quiero exponer unas breves anotaciones sobre el amor:

El amor de Pedro
Pedro amaba a Jesús, por eso lloró amargamente después de haberle traicionado. Porque si alguno traiciona a alguien que no ama, quizás pueda pensar que no ha obrado bien, pero no llora amargamente.
La fe, aún por mejorar de Pedro, y su amor a Jesús, fue lo que le permitió seguir sin hundirse.

El amor de Jesús
Jesús es Dios de amor y como dice el salmo 37: “dirige los pasos del hombre y le pone en el amino que a él le agrada; aún cuando caiga, no quedará caído, porque el Señor le tiene de la mano” Sl 37,23). Jesús no dejó de amar a Pedro aunque este lo traicionara. La mirada de Jesús a Pedro en el momento de la última negación (cf. Lc 22,61) fue una mirada de amor eterno hacia su discípulo, amigo y elegido. Es importante observar que Pedro, aún habiendo traicionado a Dios, no fue despojado de su nombramiento de cabeza de la Iglesia, ni tampoco de su misión. Ahora bien, hasta que no fue restaurado (cf. Jn 21,15-18) y capacitado por Dios (cf. He 2) no empezó a ejercer.

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