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TIEMPOS DE GETSEMANÍ

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  Algo trascendental y de vital importancia sucedió en un huerto llamado Getsemaní cuando los cuatro evangelistas quisieron dejar constancia de aquel intenso momento. En aquellas complejas horas convergen una serie de elementos centrados en la Persona de Jesús quien, como siempre, nos da un perfecto ejemplo de cómo actuar, tanto a nivel personal como social. Cuando Jesús necesitaba más apoyo de los suyos, recibió abandono y soledad. Por un lado no le apoyaron espiritualmente; los suyos se quedaron dormidos (cf. Mt 26,40.43). Por otro lado no le acompañaron físicamente; cuando fue arrestado «todos los discípulos lo abandonaron» (Mt,26,56). Realmente, a Cristo, después de haber entregado su vida para sanar y salvar a otros, lo dejaron solo cuando necesitaba el apoyo de los discípulos supuestamente más fieles; «Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Y les dice: mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad. (Mc 14, 33-34)). La fam

Emiliano Tardif años 80. MADRID

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SÓLO UNOS POCOS

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  El Apóstol San Pablo se caracteriza por su total entrega al servicio de Dios. Y aunque en numerosas ocasiones esto le supuso sufrir persecuciones, palizas, encarcelamientos hasta el mismo martirio, no se indigna por ello, ni murmura, ni se queja. Todo lo contrario, para Pablo es un privilegio sufrir por y para Jesucristo. A veces, los cristianos podemos caer en el intento de desear establecer el Cielo en la Tierra, con la idea de generar un ambiente sin problemas ni dolencias. Pues bien, cuando un buen discípulo de Jesús se une a la victoria de aquel que nos amó (cf. Rm 8,37), lo hace viviendo momentos de gloria y de pasión. Nuestro paraíso consiste en cumplir la voluntad de Dios, no en comprar una villa aislada en la montaña o la playa, y vivir como reyes mundanos en una supuesta paz. Resulta fácil sentirse alegres y llenos de gozo cuando el Espíritu Santo lo lleva todo por nosotros, cuando experimentamos sanación y liberación, o mientras nos apartan las piedras del camino para

NO HAY AMOR MÁS GRANDE

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  La Palabra de Dios ha sido, es y será una fuente de estudio, ya sea desde la fe, la historia, la filosofía, etc… Muchas personas únicamente la han leído como un libro más, otras han pretendido utilizarla para manipular y condicionar, finalmente, entre los lectores creyentes podemos distinguir tres grandes grupos: los fabulistas (para ellos cualquier cosa sobrenatural se reduce a un mito o fábula), los selectivos (únicamente aceptan los mensajes que coinciden con su forma de pensar), los discípulos (aquellos que han acogido la Palabra de forma correcta). En medio de tanta variedad de lectores encontramos al Magisterio de la Iglesia estableciendo las líneas básicas para una correcta interpretación de los textos sagrados. Pero, ¿qué es la Biblia? De todas las posibles respuestas, hay una que reconforta inmensamente: ¡La Biblia es una carta de amor! El hilo conductor de la Palabra de Dios es el amor y la clave para descifrar correctamente su mensaje es el Espíritu Santo, por medio del

SAN FRUCTUOSO. UN MARTIR DE ACTUALIDAD

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            El día 21 de enero es la festividad de san Fructuoso, san Augurio y san Eulogio. Quizás no sean nombres muy populares en nuestros días, pero esto no disminuye su valor y firmeza para no ceder a las presiones gubernamentales de su momento histórico. Se trata de unos ejemplos cristianos venerados en la ciudad de Tarragona, la que fue capital peninsular en tiempos en los que el imperio romano se extendía por toda la Mediterránea y más allá.  Los hechos acaecieron el año 259, cuando Emiliano, gobernador de la provincia Tarraconense quiso agradar a Roma, poniendo en práctica el edicto del emperador Valeriano, mediante el cual pretendía obligar a los cristianos a realizar prácticas religiosas idolátricas participando en cultos paganos y limitar el derecho de reunión de la comunidad cristiana, como cosas más relevantes en aquellos tiempos y… en los nuestros. Los desobedientes eran condenados a la pena capital. También en nuestros días, existen países que mantienen estas condenas;

¿QUIÉN ES MÁS PODEROSOS, DIOS O EL MUNDO?

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    ¿Quién gobierna hoy en nuestras ciudades, naciones o el mundo entero? ¿Quién tiene más poder? ¿Por qué si decimos que existe un Dios todopoderoso hay otras fuerzas ajenas que parecen dominar y vencer? ¿Acaso Dios no es tan poderoso como nos enseñan?. Estas posibles dudas, que pueden alcanzar a cualquiera, habitualmente concluyen con el conocido y poco original argumento: ¡Si Dios existiera tales cosas no sucederían!.  Ciertamente, también los cristianos, podemos preguntarnos sobre el por qué de muchos tristes acontecimientos mundiales, sociales, incluso personales; y cómo es posible que nuestro Dios de amor, de quien decimos que todo lo puede, lo permita. Recordemos las guerras, el hambre, la esclavitud, las dictaduras, las mafias, la explotación infantil, enfermedades, defunciones prematuras y todo lo que se pueda añadir, incluso extremos de maldad que ni podemos imaginar. ¿Qué está sucediendo? ¿Dónde está el Señor? Seguramente, los que se atreven a ofrecer alguna explicación la

EL ESPÍRITU DE LA VERDAD

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     Si existe un valor en crisis en nuestra era, este es la verdad. Quizás muchos se preguntarán, ¿y qué es la verdad? como sucedió con Pilato (cf. Jn 18,38), cuya ceguera era tan profunda que, aun teniendo a la Luz del Mundo delante de él, su corazón rodeado de tinieblas prefirió ignorar la verdadera Verdad, valga la redundancia, cuando la tenía frente a él. ¡Qué lástima! ¿puede ser que nos haya sucedido a nosotros alguna vez algo parecido?      Sobre la verdad se habrán escrito ríos de tinta y tecleado miles de caracteres, o ambas cosas. Pero, a menudo, las cosas son más sencillas de lo que parecen. Dios es poderoso en su sencillez. Cuando las cosas se complican debemos plantearnos si vamos por el camino correcto y pedir luz al Señor. En su poderosa sencillez, Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). Cita bíblica muy conocida, de la que podemos extraer esta evidente conclusión: Jesús es la Verdad. Ahora bien, uno puede creerlo o no. Bienaventurados los que cr