sábado, 30 de marzo de 2013

¡JESÚS HA RESUCITADO!



La resurrección de Jesús es algo más que creer en un hecho histórico, es un acontecimiento que transforma nuestra razón de existir. El paso de los siglos y la rutina anual parece que han apagado la explosión de alegría surgida de la resurrección de Jesús. Pero no fue así al principio. Aquel primer día de la semana unas mujeres llenas de tristeza y pesadumbre fueron al sepulcro donde habían depositado el cuerpo de Jesús, pero en su lugar se encontraron unos ángeles portadores de la gran noticia: ¡Ha resucitado!. Recibida la buena nueva lo anunciaron a los apóstoles y a todos los demás con gran gozo. A partir de este momento se suceden apariciones de Jesús resucitado a los apóstoles y discípulos, incluso se habla de quinientas personas a la vez (cf. 1Co 15,6). Todo esto durante cuarenta días, luego ascendió a los cielos para no volver hasta el fin de los tiempos (cf. He 1,11).

Son muchos los testimonios bíblicos que hablan de la resurrección de Jesús. Suficientes como para que tenga validez histórica. Por tanto, es un acontecimiento que no solamente debemos creer porque la Iglesia nos lo ha predicado así, sino porque es algo testificado y verdadero. Más aún, como dice San Pablo, «si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe» (1Co 15,14). Si Jesús no hubiera vencido a la muerte su mensaje no sería más que otra de tantas filosofías humanas que habría ido evolucionando hasta llegar a una de tantas falsas religiones. Pero la verdad no es lo que el mundo y el diablo nos quieren hacer creer, sino «que Cristo murió por nuestros pecados, como decían las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, como decían las Escrituras» (1Co 15,3-4). Esta es la más sublime y maravillosa noticia que nos puedan dar.

 Entre otras muchas cosas, dignas de estudio y reflexión, el hecho de que Jesús haya resucitado significa que ha vencido el pecado, la muerte y al que trajo todo esto al mundo, es decir, al diablo. Por tanto, el reino de Dios, cuyo rey es inmortal e invencible, se ha instaurado en el mundo.  Nuestra fe ya no se fundamenta en un Dios abstracto, sino en un Dios hecho hombre, cuyo amor le ha llevado a dejarse matar, para así reconciliarnos con Dios (cf. Rm 5,10) y luego ha resucitado «como primicia de todos los que han muerto» (1Co 15,20).

Hay quien no quiere creer en la resurrección de Jesús, lo cual es una lástima pues rechazar la verdad arrastra a las personas por caminos de perdición, pero si tu ahora «confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, te salvarás» (Rm 10,9). Nuestra salvación será una experiencia semejante a la de Jesús, es decir, con resurrección incluida. Porque, aunque Él es el primero en todo, nosotros vamos a continuación. Jesús dijo: «El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día» (Jn 6,54). San Pablo lo especifica de la siguiente manera: «si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros» (Rm 8,11).

¿Y ESTO NO ES UNA GRAN NOTICIA?

¡JESÚS HA RESUCITADO!, 
Y NOSOTROS, SI CREEMOS EN ÉL ¡TAMBIÉN RESUCITAREMOS!

Pero la cosa no acaba aquí. Ahora debemos analizar nuestra vida personal diaria. ¿Cómo es? ¿La resurrección de Jesús ha hecho cambiar sustancialmente nuestra vida cotidiana? En el Evangelio de San Juan tenemos dos personajes con los que podríamos identificarnos.  Por un lado tenemos a María Magadena y por otro a Tomás. ¿Qué sucedió con estas personas? Sencillamente, se les comunicó la gran noticia de la resurrección de Jesús pero no acabaron de creérselo. No se si tu te crees o no la resurrección de Jesús, seas o no cristiano. Si no eres cristiano te invito a creer y tu vida cambiará radicalmente a mejor, pero si te llamas cristiano y no crees, realmente no eres cristiano, más también te invito a creer de verdad. Quizás sí eres cristiano y sí te lo crees, pero tu vida a quién se parece más, ¿a la de los que corrían gozosos para anunciar la noticia o, a María Magdalena o Tomás? Me voy a explicar mejor. ¿qué sucedió con María Magdalena?. Ella cuando llegó al sepulcro, se supone acompañada de otras mujeres (cf. Mc 16,1), lo vio vacío y recibió un primer anuncio de la resurrección (Cf. Mc 16,6), pero no acabó de creérselo. Ya sea porque su mente estuviera bloqueada y no le permitiera escuchar debido a la tristeza de su corazón, ya sea porque creyó que la estaban engañando, o cualquier otra cosa, inicialmente no creyó. Esto la llevó a una mayor desesperación quedándose junto al sepulcro llorando desconsolada, cuando la situación tendría que haberla llevado al mayor de los gozos.  Hermano lector, ¿vives el gozo de la resurrección o vives angustiado aún habiendo recibido la noticia de la resurrección de Jesús?. El otro ejemplo lo encontramos en Tomás (cf. Jn 20,24), quien tampoco creyó la noticia. La sensación que da el Evangelio es que Tomás fue más frío que María Magdalena. Quizás no vivía tan desconsolado y triste, pero si parece ser alguien indiferente que sigue su vida con una coraza que parece protegerle en su rutina diaria sintiéndose en una estabilidad para él más segura que la que pueda darle la fe. También podemos encontrarnos en esta situación. Nuestra fe puede ser tan teórica y fría que las grandes noticias no nos produzcan la mínima alteración.

María Magdalena amaba mucho a Jesús, seguramente su inmensa tristeza y desconsolación no le dejó acoger adecuadamente la gran noticia. Tomás quizás era muy racional y seguro de si mismo; no quería aceptar estas historias fantásticas. Pero Jesús no los rechazó y les dio otra oportunidad, dándose a conocer vivo y resucitado personalmente a cada uno de ellos. Esto transformó su vida y ya no volvieron a ser los mismos. ¿Quieres seguir siendo el mismo? ¡Cree de verdad en Jesús resucitado y desea de todo corazón tener un encuentro personal con él!. A partir de este encuentro nada será igual. De la tristeza pasarás a la alegría y el gozo; de la indiferencia pasaras a la pasión de vivir para Dios y el gozo de sentirle a tu lado.

¡JESÚS HA RESUCITADO¡ ¡HA VENCIDO LA MUERTE! ¡HA VENCIDO EL PECADO!

Él es el rey invencible y su reino ha llegado a nuestro mundo. Únete a sus elegidos y así serás libre de las ataduras del diablo y del pecado, y sus consecuencias; libre de la muerte, aunque tu cuerpo tenga que morir;  más un día estarás resucitado junto a nuestro amado Jesús.

Abandonemos los rituales tristes y rutinarios. Saltemos de gozo y alegría. Que nada pueda callar nuestros gritos de victoria, porque:

¡JESÚS ESTÁ VIVO! ¡HA RESUCITADO!

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