sábado, 23 de marzo de 2013

Vivir la presencia de Dios

Padre Pío
El P. Darobert, en un folleto que escribió, supongo que en la década de los 80 (en la traducción que poseo, titulada "PADRE PÍO - Un carismático de nuestros días", no figura la fecha de edición), expone un diálogo que mantuvo con el P. Pío durante una confesión. Todo a punta a un cura necesitado acudiendo a un gran hombre de Dios.
Cuando entró en el confesionario una cortina blanca lo separaba del exterior, mientras que en frente estaba el P. Pío, cuyas primeras palabras fueron:
- ¿la vida espiritual, cómo va?.
En este caso el confesor no esperó a que la persona recitara una lista de pecados, previamente meditada. Quizás debido a su don de conocimiento sabía atender a cada individuo de una forma espiritualmente personalizada, yendo al grano, sin rodeos.
El P. Darobert sabía que tenía que ser muy sincero con la respuesta, sino sería descubierto, y el P. Pío no se reprimía si tenía que ser directo, cuando alguien se "iba por las ramas". Por tanto el P. Darobert intentó esquivar la pregunta haciendo otra:
- ¿Padre, según usted, como va mi vida interior?.
Le sonrió, y respondió:
-¡Mmm! no muy personal. en verdad...
- Pero, entonces, Padre, ¿qué hay que hacer?
- Es difícil pero no imposible.

El P. Darobert anhelaba una vida espiritual más intensa y personal con Dios. Esto le llevó a pedir:
- ¡Deme la receta!.
Como si se tratara de seguir una serie de normas y ya está. El P. Pío volvió a repetir:
- No es imposible.

Pero estas palabra no respondían la pregunta. El P. Darobert, respecto a una observación que realizó durante la misa de la mañana, dijo:
- He notado que usted tenía un estado de unión extraordinario con Dios.
El P. Pío quiso quitar importancia a estas cosas, pero finalmente dijo que ciertamente así había sido. Y  Darobert dijo nuevamente:
- Entonces....¿qué hay que hacer?
- Es difícil pero no imposible - volvió a responder el P. Pío.

Parecía que no iba a salir de estas palabras, como si salvaguardara un gran secreto. No obstante, sabemos que quien ama a Dios y al prójimo desea lo mejor para sus hermanos, y al cabo de unos segundos, su rostro se volvió muy serio, incluso tenso, y dijo:
- Vivir la presencia de Dios... ¡siempre!. Después, hacer de la oración una conversación con Dios. De esta manera Él se volverá alguien vivo para ti... Tener absoluta confianza en Dios, interpretar los acontecimientos como venidos de su mano, siempre... En fin, incluso con todo lo que te pueda pasar de malo, todos los enfados, ten confianza en Dios, porque él es quien lleva lar riendas...Siempre y basta.

El P. Darobert quedó desconcertado ante la aparente simplicidad de este programa de vida espiritual,  por lo que preguntó:
- Pero, en fin, Padre, ¿no debe ser tan solo practicando estas cosas que usted ha llegado donde se encuentra ahora?
- Sí - respondió el P. Pío
- ¿Y todas las demás cosas? - volvió a insistir Darobert
- Figliolo (Hijo mío), ¿piensas que el Evangelio ha sido escrito para las personas complicadas?

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