martes, 10 de marzo de 2015

"Cantaré las grandes cosas que tú, Señor, has hecho" (Sal 71,16)




A los cristianos nos han enseñado que Dios es omnipotente, es decir, todopoderoso. Dicho de otra manera, nada es imposible para Dios. Por tanto, si nos preguntaran, ¿Quién ha creado el Universo?, responderíamos: Dios. ¿Quién ha hecho los cielos, la Tierra y todo lo que hay en ellos?: Dios. ¿Quién hacía milagros?: Dios-Jesús. Podríamos seguir con más preguntas parecidas. Ahora bien, la conclusión es que el Señor ha hecho grandes cosas y las generaciones han ido transmitiendo la noticia hasta llegarnos a nosotros. Por gracia de Dios, hemos escuchado el mensaje, lo hemos creído y quizás hayamos llegado a transmitirlo. De hecho, muchas personas se dedican a enseñar cosas de Dios, recogidas en aquello que llamamos Teología, homilías, charlas, enseñanzas, etc…
Mayoritariamente, cuando se habla de las proezas de Dios, aparecen acontecimientos lejanos, ya sea en el tiempo o en el espacio. Cosas que pasaron hace años o siglos, y además a alguien que ni tan solo hemos llegado a conocer personalmente.  Ahora bien, no todo el mundo habla de lo que ha escuchado, sino también de lo que ha experimentado personalmente. El salmista, seguramente el rey David, no se refería a teoría pasada, sino a la experiencia personal del poder de Dios manifestado en su vida cuando escribió las palabras del versículo 18: “Dios mío, no me abandones aun cuando ya esté yo viejo y canoso, pues aún tengo que hablar de tu gran poder a esta generación y a las futuras”.
Aunque, Mayoritariamente, cuando alguien habla de obras poderosas de Dios se refiere a teoría escrita, existen personas que experimentan el poder de Dios y viven la grandeza de las obras del Señor. Lo cual les lleva a la necesidad de transmitirlo para beneficio espiritual de los demás, quienes, gracias al testimonio, pueden llegar también a conocer y experimentar la salvación y el poder de Dios.
El rey David seguramente deseaba convencer a los demás de la certeza de la existencia de un Dios todopoderoso que había obrado en su vida y que por tanto también podía hacerlo en la de otros. Ardía en su corazón un celo por dar testimonio y convencer. Se ve que quiere insistir más y más porque… es verdad, lo he vivido, créelo…
Bien, de hecho, yo mismo, hasta ahora también me estoy refiriendo a algo lejano en el tiempo y en el espacio. Así que, para no contradecirme, vamos al siglo XXI. ¿Continúa obrando Dios poderosa y sobrenaturalmente? Si ahora estuviéramos en una reunión me gustaría preguntar si alguien puede dar un testimonio personal del poder de Dios en su vida. Pero algo ¡todopoderoso, inexplicable y sobrenatural! ¿Tienes algo real? Gloria a Dios; ¿solo tienes teoría?, no te conformes.
Jesús dijo a sus discípulos: “estas señales acompañarán a los que creen: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán nuevas lenguas; cogerán serpientes con las manos; si beben algún veneno, no les dañará; pondrán las manos sobre los enfermos, y los sanarán” (Mc 15,17-18). Dios dice que hará maravillas, milagros, obras poderosas, por medio de aquellos que crean en Él. ¿Alguien observa algún límite de tiempo o espacio en sus palabras?.
Podría hablar de lo que otros me han contado, y sería verídico. Pero ahora voy a contar algo real que he vivido:
Hace unos meses, en una reunión de un movimiento (en el cual se supone que las personas creen en el poder de Dios y en su manifestación plenamente actual mediante sanaciones y milagros), organizando un retiro me di cuenta que sucedía algo raro en relación a la experiencia del poder de Dios. Así pues, pregunté a los hermanos si alguien había visto o experimentado de forma directa alguna sanación u obra poderosa. No me caí al suelo, porque estaba bien sentado, cuando todos declararon que nunca habían sido testimonio directo de algo realmente extraordinario. Todo lo que conocían había sucedido en el pasado y lejos. Entonces, dije: Dios continúa haciendo milagros y les voy a explicar algo. Cuando tenía unos 10 años de edad, se hospedaron en mi casa (por aquellos años vivía en Madrid, España), un matrimonio de predicadores argentinos (Federico y Laura). Un día, estaban en oración con mis padres y pensaron que podrían orar por mi hermano y por mí. Así que me sentaron en una silla y empezaron a orar. Yo, enfadado porque habían interrumpido mis juegos, miraba qué hacían. Uno de ellos pidió que extendieran mis piernas para comprobar si eran igual de largas. ¡Sorpresa! tenía una pierna más corta que la otra. Se veía claramente. Así que empezaron a orar, mientras yo miraba expectantemente. Pero lo mejor de todo fue cuando sentí un suave calambre recorriendo la pierna más corta, la cual se alargó hasta igualarse con la otra de forma claramente visible. Este es un pequeño ejemplo de mi experiencia personal, no el único. Además seguro que muchas personas podrían dar grandes testimonios.
La realidad demuestra que Dios continúa haciendo milagros hoy en día a través de muchos cristianos, gracias a la acción de su Espíritu Santo. ¿Tú eres cristiano/a? entonces puedes ser un poderoso instrumento del Señor. Entrégale tu corazón y tu vida, deja que te transforme, que te purifique y abandónate en sus manos. Busca la voluntad de Dios e intenta amarle con todas tus fuerzas. Y sobre todo cree. Ten fe y no te dejes engañar por los conformistas. Desea siempre más, porque Dios es infinito, siempre tiene algo nuevo y/o superior para darte.
Resulta fácil encontrar argumentos como los siguientes: Los milagros son cosas del pasado, se limitan a Jesús y sus apóstoles, sólo suceden el lugares especiales, únicamente los grandes santos los pueden realizar, o hay que buscar algún pastor, sacerdote, o consagrado para que ore por los enfermos, etc... Respecto a todo esto, la Palabra de Dios dice: “Os aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago; y hará otras todavía más grandes” (Jn 14, 12). De manera que Dios reparte distintos dones entre sus discípulos, ya sean primitivos o actuales. Y entre ellos están el de sanar enfermos y el poder de hacer milagros (cf. 1Co 12), para provecho de todos. No todos reciben lo mismo, sino que es el Espíritu Santo quien reparte como quiere y a quien quiere. Fuera de los sacramentos que únicamente pueden ser administrados por los ministros ordenados, los demás dones o carismas pueden ser recibidos y puestos en práctica por cualquier cristiano.
De todas formas, y refiriéndome a lo que dijo el Papa Francisco el día 22 de enero de 2015, “lo más importante no es la gracia de una curación física, sino el hecho de que Jesús nos salva e intercede por nosotros”. Realmente, todo tipo de sanación durante la vida presente es un signo del poder de Dios. Y todo lo que recibimos de Dios sirve para nuestro bien espiritual y el de los demás, buscando siempre nuestra salvación, que es lo realmente importante. Las acciones sobrenaturales de Dios son importantes y deberían ser más normales de lo que son, pero no debe convertirse en una obsesión. Lo más necesario es aceptar a Jesús como Señor de nuestras vidas y dejarse transformar por su Espíritu para que nos lleve junto a él cuando dejemos este mundo. Porque si solo buscamos los signos pero no nos convertimos a Dios, de nada nos sirven. Ahora bien, que esto no sirva de excusa para decir que no son necesarios. Con milagros o sin ellos, nuestro deber es dar gloria a Dios en todo.

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